Qué ocurriría si nos quedásemos sin algún producto básico para nuestra alimentación, si los supermercados se quedasen desabastecidos, qué se yo, de aceite de oliva. ¿Nos volveríamos locos? Es posible, en Noruega ha pasado algo parecido, se han quedado sin mantequilla, que allí es como el aceite de oliva aquí, y se han vuelto tan locos que algunos han llegado a pagar 8 euros por 12 gramos de mantequilla, lo que equivaldría a 700 euros el kilo. Supongo que ésto podría entrar dentro de lo que la mayoría calificaríamos de locura.
Pero que nos puede llevar a cometer este tipo de locuras, de comprar cosas que no necesitamos o pagar más por cosas que podemos sustituir por alternativas más baratas. En Noruega se han vuelto locos por una dieta milagro, una dieta que se basa en que si comes grasas ahora, cuando la comas después no te afectará. Es una buena lógica aunque creo que entra dentro del delirio, porque me parece que se dejan alguna premisa fuera, puede que después no te afecte tanto la grasa, pero sí que te afectará ahora digo yo.
Las personas funcionamos por eurísticos, es decir, por atajos de la mente. No analizamos toda la información que nos llega como haría un ordenador, sino que la troceamos, la analizamos una parte, y con eso tomamos decisiones. Es una forma muy efectiva de hacer las cosas, ahorras muchísima energía analizando solo una parte de las alternativas y la mayoría de las veces aciertas. Sin embargo, otras veces, nos acercamos irremediablemente a lo que la sociedad llama locura. Somos incapaces de reconocer que nos equivocamos, cuando tomamos una decisión la defendemos contra viento y marea a pesar de que sea contradictoria con toda lógica.
A los noruegos les ha pasado algo parecido, les han dicho que deben tomar mucha mantequilla para no engordar en navidad, ni siquiera quieren oir hablar de margarina porque les han dicho que es la mantequilla lo que funciona. Dicen: yo no quiero engordar en Navidad después de atiborrarme de pavo, salmón y turrones, o los dulces que coman en los fiordos, quiero poder comer hasta reventar sin sufrir después consecuencias estéticas. Entonces, cuando agotan las existencias de mantequilla, se tiran al mercado negro en busca de las últimas tarrinas al precio que sea. Si analizaran un poco su conducta quizás se darían cuenta de que no tiene demasiada lógica desde fuera.
Es curioso como en cuanto nos ofrecen una solución a nuestro problema la analizamos un poco por encima y si nos convence la aceptamos sin mirarla más, incluso la defendemos por encima de todo. Nos movemos dentro de la tozudez extrema cuando se trata de las ideas y más cuando viene alguien y creemos que nos quiere cambiar la opinión. Es tan difícil pararse a pensar, analizar las cosas y reconocer que podemos estar equivocados, que preferimos coger el coche y cruzar la frontera de noche en busca de mantequilla para poder comer turrones sin cargo de conciencia en navidad.