Meditar vs reflexionar

Siempre que hablo de meditar me doy cuenta de que la gente se confunde y no me entienden, se equivocan pensando que meditar y reflexionar son dos palabras sinónimas, cuando son dos conceptos diferente. Reflexionamos sobre un tema concreto, para encontrar una solución a algo, en cambio meditar no busca ningún resultado. Se podría decir que meditar es como poner en forma el cerebro, hacer un poco de ejercicio, correr, hacer pesas, un poco de bicicleta estática, pero sin que sea una competición. Por el contrario, reflexionar sería como subir la nevera al cuarto piso sin ascensor, se puede conseguir con esfuerzo, pero si antes has entrenado y tienes tus músculos preparados es mucho más sencillo.

Mapas mentales

Una de las formas más eficaces para aumentar la creatividad es utilizando técnicas visuales como los mapas mentales. Simplemente agarrando un lápiz y a base de flechas que relacionen palabras sueltas, puedes avanzar en tus ideas mucho más rápido de lo que podrías imaginar. Y es que nuestro cerebro está preparado para actuar de manera visual, somos uno de los mamíferos que hemos desarrollado más el sentido de la vista y construir mapas mentales es una forma de aprovechar esta herramienta innata en nuestro beneficio. Ver las relaciones en una hoja de papel mediante flechas es mucho más sencillo que en un folio lleno de frases y argumentos bien desarrollados.

Minimalismo argumental

Cada vez estoy más obsesionado con la simplicidad de los argumentos. Me encantan los textos elaborados que dan un paseo por sus argumentos, incluso muchas veces me he quejado de internet por estar lleno de textos breves que no aportan nada. Sin embargo, me enamora la simplicidad de algunos textos breves, textos con las palabras justas para explicar lo que quieren decir, donde una palabra de más sería estropear todas las demás. Este tipo de texto es muy difícil de conseguir porque es una mezcla perfecta de trabajo e intuición.

El éxito

Todo el mundo vive obsesionado por el éxito, una palabra que en ocasiones es difícil de conseguir que te definan. ¿Qué es el éxito? Yo entiendo el éxito como si se tratara de un poliedro con múltiples caras, algo que no se puede valorar objetivamente mediante una serie de parámetros, tiene tantas dimensiones que lo que para uno es éxito para el resto no lo es. De modo que el éxito no deja de ser algo valorativo, uno tiene éxito cuando cree que ha tenido éxito. Esa creencia puede venir de las reacciones de tu entorno mezcladas con tus propios sentimientos en un cóctel que en ocasiones puede ser muy amargo, pero en otras pocas dulce como la miel.

De escribir

Escribir significa vaciar la mente, abrir el desagüe que ha ido acumulando agua sucia a lo largo de los días. Escribir es una forma de adaptarse a uno mismo, de descubrirse, de pasear por pensamientos escondidos que no conoces, que ni siquiera puedes imaginar que tienes. Otra de sus magias es poder volver a visitar esos lugares que hace tiempo que no visitas, esas emociones que tenías de niño, que te daban la vida y que por alguna razón has guardado junto a tus juguetes.

Zacarías, el conejo, el zapato y los armarios

Zacarías era un buen hombre que trabajaba demasiado, se pasaba todo el día trabajando y a duras penas dormía cuatro horas al día, por eso aquella noche fue tan extraña, todo comenzó por un sueño que le despertó sobresaltado. Fue un sueño de esos realmente extraños, que nos ocurren cada cierto tiempo y que muchas veces son presagio de algo, no sabes de que, pero seguro que significan algo. En el sueño le entraba un apetito voraz y para remediarlo comía y comía todo tipo de platos, platos y más platos, de todo tipo que puedas imaginar, guisos, verduras, macarrones, ensaladas, salsas, pavos, bocadillos, hasta que su barriga comenzó a inflarse como un neumático y no paraba. Se le inflaba tanto y tan rápido que sus pies empezaron a perder contacto con el suelo y se puso a flotar por la habitación. Y como siempre ocurre en estos casos la suerte no le ayudó, ya que un pequeño golpe de viento le empujó hacia la ventana y se salió de la casa, subiendo y subiendo por el cielo sin ningún control. Cuando ya las casas se veían como pequeños puntitos de colores allá en el suelo un pequeño gorrión despistado que pasaba por allí para ir a ver a su novia se choco con él. El choque con el pequeño gorrión le provocó un agujero en la barriga que hizo que saliera todo el aire e inevitablemente empezó a caer. Pero ya sabéis como va esto de los sueños, es comenzar a caer y despertarte, así que cuando Zacarías comenzó a caer se despertó con un buen susto.

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La locura de la mantequilla

Qué ocurriría si nos quedásemos sin algún producto básico para nuestra alimentación, si los supermercados se quedasen desabastecidos, qué se yo, de aceite de oliva. ¿Nos volveríamos locos? Es posible, en Noruega ha pasado algo parecido, se han quedado sin mantequilla, que allí es como el aceite de oliva aquí, y se han vuelto tan locos que algunos han llegado a pagar 8 euros por 12 gramos de mantequilla, lo que equivaldría a 700 euros el kilo. Supongo que ésto podría entrar dentro de lo que la mayoría calificaríamos de locura.

Pero que nos puede llevar a cometer este tipo de locuras, de comprar cosas que no necesitamos o pagar más por cosas que podemos sustituir por alternativas más baratas. En Noruega se han vuelto locos por una dieta milagro, una dieta que se basa en que si comes grasas ahora, cuando la comas después no te afectará. Es una buena lógica aunque creo que entra dentro del delirio, porque me parece que se dejan alguna premisa fuera, puede que después no te afecte tanto la grasa, pero sí que te afectará ahora digo yo.

Las personas funcionamos por eurísticos, es decir, por atajos de la mente. No analizamos toda la información que nos llega como haría un ordenador, sino que la troceamos, la analizamos una parte, y con eso tomamos decisiones. Es una forma muy efectiva de hacer las cosas, ahorras muchísima energía analizando solo una parte de las alternativas y la mayoría de las veces aciertas. Sin embargo, otras veces, nos acercamos irremediablemente a lo que la sociedad llama locura. Somos incapaces de reconocer que nos equivocamos, cuando tomamos una decisión la defendemos contra viento y marea a pesar de que sea contradictoria con toda lógica.

A los noruegos les ha pasado algo parecido, les han dicho que deben tomar mucha mantequilla para no engordar en navidad, ni siquiera quieren oir hablar de margarina porque les han dicho que es la mantequilla lo que funciona. Dicen: yo no quiero engordar en Navidad después de atiborrarme de pavo, salmón y turrones, o los dulces que coman en los fiordos, quiero poder comer hasta reventar sin sufrir después consecuencias estéticas. Entonces, cuando agotan las existencias de mantequilla, se tiran al mercado negro en busca de las últimas tarrinas al precio que sea. Si analizaran un poco su conducta quizás se darían cuenta de que no tiene demasiada lógica desde fuera.

Es curioso como en cuanto nos ofrecen una solución a nuestro problema la analizamos un poco por encima y si nos convence la aceptamos sin mirarla más, incluso la defendemos por encima de todo. Nos movemos dentro de la tozudez extrema cuando se trata de las ideas y más cuando viene alguien y creemos que nos quiere cambiar la opinión. Es tan difícil pararse a pensar, analizar las cosas y reconocer que podemos estar equivocados, que preferimos coger el coche y cruzar la frontera de noche en busca de mantequilla para poder comer turrones sin cargo de conciencia en navidad.

Hablando de fotografía

El otro día estuve rebuscando entre las cajas de libros viejos que tengo debajo de la cama y me encontré un antiguo álbum de fotos. Lo cogí con las dos manos, estornudé un poco porque tengo una pequeña alergia al polvo y me quede embobado mirando las fotografías sentado en el sofá. Se me olvidó completamente lo que estaba buscando en la caja, esas fotos antiguas consiguieron acaparar toda mi atención. Puede que fuese por eso, porque eran antiguas, de hace tiempo, de cuando era otra persona, pero también fue porque estaban en papel. La fotografía en papel es diferente.

Recuerdo cuando era más joven y vivía en casa de mis padres, cada cierto tiempo me acercaba a la vieja estantería del pasillo y rebuscaba en busca del álbum familiar. Me sentaba encima de mi cama y recorría con el dedo todos esos recuerdos. Encontraba decenas de instantes detenidos, robados al tiempo, fotografías mías, de mis padres, de mis hermanos, de gente a la que quiero, todos quietos, eternos. Me pasaba horas mirando una simple fotografía de mi décimo cumpleaños o de cuando los Reyes Magos me trajeron el Scaléxtric. No es que fueran las instantáneas más artística del mundo, pero tenían algo más que arte, tenían vida, recuerdos.

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Haiku II

Es muy difícil
sentarse a escribir
solo palabras

¿Quién soy?

Vivimos en la era de las redes sociales y cada vez que te das de alta en alguna lo primero que te piden es que te describas, que digas quien eres. ¿Pero quién somos en realidad? Ésta es una cuestión a la que nos enfrentamos normalmente de la forma más superflua posible. Nos definimos rápido y sin pensarlo demasiado, para no profundizar mucho en nosotros mismos.

Una de las maneras más comunes de definirse uno mismo es por el trabajo, por el oficio, pero quizás sea una forma muy vaga de describirse. ¿Realmente solo somos nuestra forma de ganar dinero? ¿Somos simplementes psicólogos, diseñadores, administrativos, emprendedores? Supongo que ese modo de definirnos a sido el que más se ha utilizado históricamente, por eso hay apellidos como Herrero, Molinero, Zapatero, pero no me convence para definirme en el mundo online. Llevado a su extremo se podría decir que somos en función de nuestro contrato laboral y si mi empresa quiebra o me despide dejaré de ser quien soy.

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