La creatividad en el niño, que se va perdiendo al hacernos adultos

Cuando era pequeño había un momento en el colegio que me encantaba, era cuando el profesor decía aquello de “dibujo libre”. Era el momento de dejarse llevar, todo valía. A prácticamente todos los niños les encanta dibujar y dejar libre la imaginación hasta los rincones más insospechados.

Pero vas creciendo y esos momentos de dibujo libre son cada vez menos. Además cuando llegan no son como al principio, no es dibujo libre de verdad porque empiezas a encontrar límites. Ves como todo el mundo juzga tus creaciones, que si un árbol no puede ser azul, que una flor no puede ser verde. Empiezan a poner límites a tu creatividad, y lo peor de todo, tú comienzas a interiorizarlo. Comienza la autocensura. Ya no tienes esa libertad de dibujar lo que te de la gana, ahora necesitas que te lo aprueben tus compañeros, el profesor, los adultos. De modo que acabas aceptando que hay cosas que no puedes dibujar.

Esa autocensura empieza a invadir todos los aspectos de tu vida. Todas las decisiones son cada vez menos creativas porque las juzgas antes de llevarlas a cabo. Deben ajustarse a una norma. Tu imaginación se ve estrechada poco a poco y cada vez es menos creativa. Pero llega un momento, cuando eres adulto, que te dicen “la creatividad es muy importante para triunfar en la vida”. Te quedas anonadado, los mismos que un día te quitaron la creatividad ahora te dicen que es importante.

Pero ya es tarde, tienes la autocensura grabada a fuego en tu forma de pensar. Por eso necesitas combatirla con reglas rígidas, más rígidas que tu autocensura. Y esa regla es la de no juzgar las ideas hasta más tarde. Es muy complicado y requiere un esfuerzo extra porque eres adulto y tu forma de pensar ya esta establecida. Por eso tienes que seguir los protocolos lo más bien que puedas, porque sino no puedes recuperar esa forma de pensar creativa que no tenía límites.