Internet, tú antes molabas

Que te pasa internet, tú antes molabas. Ahora has cambiado, no eres como antes, ya no encuentro lo que encontraba cuando navegaba entre tus páginas. Me empiezo a sentir perdido, navego sin rumbo buscando mis pequeñas islas del tesoro y no las encuentro, ya no las encuentro. Antes navegara por donde navegara encontraba islas fértiles con frondosos textos que me llenaban el corazón de calor, y cada una de estas paradisíacas islas era diferente, personal, única. Prácticamente todas me dejaban un recuerdo, un aroma que me invitaba a probar nuevas rutas, a sentirme explorador.

Ahora hace tiempo que ya no me siento así, no se si soy yo o eres tú, pero ésto ya no es como era antes. Ahora cuando navego a la deriva siempre encuentro las mismas islas sembradas con procesos industriales y llenas de unos textos que me recuerdan a viejos edificios soviéticos. Cada isla nueva que encuentro se parece a la anterior, todas son iguales, todas me piden que me quede pero ninguna me ofrece lo que busco, ninguna me ofrece algo diferente. Puede que sea yo que me he vuelto demasiado exigente o que idealice otro tiempo, pero internet ya no eres como antes.

Me viene a la memoria una frase que desde la perspectiva del tiempo encuentro premonitoria: “Los blogs han muerto“. Cuando la oí por primera vez no le hice caso, incluso me reí de ella, sin embargo, ahora con los años, creo que tenía razón. Es posible que esté idealizando los blogs, pero creo que parte de su esencia se ha ido. Aún existen algunos que permanecen irreductibles y se mantienen como empezaron, también hay algunos nuevos que tratan de revitalizar el formato, pero están tan ocultos detrás de tanta autopista de la información y apartados en carreteras tan secundarias que llegar hasta allí me es prácticamente imposible.

Antes cuando utilizaba un lector de feeds, simplemente por el contenido del texto podía perfectamente saber quien era el autor sin mirar a quien pertenecía el artículo. Oía su voz, cada uno tenía su propia voz, ahora esas voces tan reconocibles se están fusionando en una voz neutra y sintética que me cuesta horrores distinguir.

Puede que con los años me esté volviendo más exigente y lo que antes pasaba como bueno ahora no cruza el umbral de lo aceptable y de esta manera esté idealizando tu pasado, y mira que eres joven internet que no te hablo de más allá de dos o tres años. En este poco tiempo he notado una evolución asombrosa, y como en los pueblos de la costa ante el advenimiento del turismo, he visto como construían en tus islas pisos y pisos, edificios fríos, grandes y con apartamentos pequeños, todos iguales. Vivimos en la era del contenido, sin embargo creo que muy pocos piensan en el contenido, mucho menos en el continente, simplemente se fijan en eso que llaman “páginas vistas”.

Los grandes medios se han dado cuenta que eras el futuro, que la nueva batalla se jugaría en tus islas y han tomado posiciones a base de artillería pesada. Muchos de estos poderosos medios se han dado cuenta de que existía una cosa con relativo éxito que se llamaba blog y la han adoptado, pero solo la forma porque nunca pensaron que los blogs tenían alma. Incluso algunos blogs que me atrapaban al principio han ido poco a poco perdiendo su espiritu para parecerse cada vez más a un periódico online corriente y moliente, fusionándose ambos en una mezcla de periodiblog que dice lo mismo que los otros mil y no aporta más que ser el primero en decirlo.

Esta carta es para decirte que te echo de menos internet. Que añoro los tiempos en que tus playas eran vírgenes y la arena blanca, cuando navegaba por tus páginas y todo lo que encontraba me gustaba. Se que esos tiempos no volverán, pero también se que eres inmenso, que en tus aguas hay miles de islas y que por muy escondidas que estén las que me gustan, tarde o temprano, las volveré a encontrar.